MAYO
Entre el torbellino de risas, música y tintineo de copas, sentí su presencia incluso antes de que me alcanzara.
"Hola", Edmond nos acortó la distancia con una sonrisa que irradiaba una calidez tan genuina que era contagiosa. No pude evitar imitar esa sonrisa cuando me rodeó con sus brazos en un abrazo que me hizo sentir como en casa. "¿Me extrañaste?"
Su abrazo era un santuario, un lugar donde el mundo exterior se desvanecía y solo quedábamos nosotros dos, entrelazados en ese momento. El a