MAYO
Me estaba lavando la cara cuando se abrió la puerta del baño y entró alguien. No necesité mirarme al espejo para saber que era Lucille. Su perfume tenía una firma inconfundible.
Me dolió un poco el orgullo que me viera así. No pude evitar pensar que disfrutaría. Ni siquiera podía odiarla por ello. Así que decidí ignorarla mientras me reponía para irme.
Considerando que los restos de mi maquillaje ya estaban arruinados, decidí que lo mejor era lavarlo todo. Me miré al espejo, con la atenció