En el Hospital General de Coralia.
Era una mañana tranquila cuando un hermoso ramo de flores llegó a la habitación de Valentina en el hospital.
Al ver el nombre en la tarjeta, ella murmuró con sorpresa:
—¿Álvaro Soto?
En ese instante, Santiago irrumpió en la habitación y, al escuchar el nombre de Álvaro, su expresión cambió a una mezcla de sorpresa y molestia.
Se acercó rápidamente, tomó con brusquedad la tarjeta y las flores, y las arrojó al basurero.
Valentina, desconcertada, intentaba procesa