Rafael apenas había formulado la pregunta cuando Santiago le lanzó una mirada helada, como si quisiera matarlo. Era una advertencia clara: quien volviera a mencionar la noche anterior, no saldría bien parado.
Rafael se estremeció y rápidamente dejó de lado su curiosidad.
—No, no preguntaré más —dijo, retrocediendo.
Quizás la mirada de Santiago lo había dejado nervioso, así que Rafael decidió adularlo para suavizar el ambiente.
—Usted es increíble, don Santiago. Solo con su esfuerzo logró más que