Con dinero en mano, Valentina se alojó en un hotel esa noche. A medianoche, Santiago regresó a la Villa de Los Pinares, solo para encontrar la casa vacía.
Al ver que Valentina aún no había regresado, Santiago, preocupado por su seguridad, inmediatamente le llamó.
El teléfono sonó varias veces antes de que Valentina, con voz somnolienta, contestara.
—¿Hola? ¿Quién es? ¿Hola?
—¿Dónde estás? —preguntó Santiago, con un tono de voz grave.
Valentina, aún medio dormida y confundida, respondió:
—En un h