Hasta que su silueta desaparecía de la vista, Aitana parecía querer borrar el rastro de su saliva en su boca. Estaba asqueada.
Pero el olor del hombre parecía envolverla, y cuanto más intentaba limpiarse, más irritada se sentía por dentro. Decidía vestirse apresuradamente y salir.
Quería tomar una ducha. Al llegar al orfanato, Aitana se encontraba con Antonio.
Antonio estaba parado en la entrada del segundo piso, su mirada fija en ella, lo que hacía sentir a Aitana inusualmente culpable.
Casi po