Noah soltó un bufido interiormente. No importaba si era antes o ahora, en los ojos de Aitana, él siempre había sido solo una pieza en el tablero.
Al recordar lo que había vivido anteriormente, el frío en los ojos de Noah se intensificaba, y sin darse cuenta, apretó más fuerte su agarre en la mandíbula de ella, dejando marcas visibles de sus dedos.
—¡Ay, duele!
Aitana sintió un leve dolor, pensando que su reacción era exagerada.
¿Acaso él creía que la situación era grave y no quería ayudar? Pero