Valentina estaba visiblemente feliz ese día. Hacía tiempo que Alonso no la veía sonreír así, y podía sentir su tranquilidad, deseando permitirle esa libertad.
En la pendiente, una pequeña flor roja salvaje luchaba por sobresalir entre los espinos, brillando intensamente. Valentina fácilmente tomó la flor, lista para regresar y dársela a don Raúl, pero de repente una voz llegó a sus oídos.
—Santy…
Valentina reconoció de inmediato que era la voz de Lucía. Lucía estaba llamando a Santiago.
Valentin