—Ah, ¿así que ahora lo admites? ¿Por qué te defendías antes?
—Sí, Valen, si a abuelo le hubiera pasado algo grave, ninguno de nosotros te habría perdonado.
Lucía lanzó su acusación con furia, mientras Aitana seguía sollozando.
Pero en ese momento, parecía que ninguna voz podía alcanzar a Valentina. Estaba acurrucada, apoyada en los brazos de Santiago, con su mente en un torbellino de pensamientos y sensaciones.
—Esta es la nieta que acabo de reconocer… Pequeña, ¿cómo te llamas?
—Valen…
—Valen…
L