—Está bien.
Respondió Alonso, con un semblante complejo. Sin embargo, su rostro denotaba seriedad, sin rastro de alegría. Don Raúl, inmerso en su felicidad, frunció el ceño al notar esto.
—Alonso, he encontrado a la hija de tu tía, ¿parece que no te alegras?
¿Alegrarse? ¿Cómo podría él alegrarse? Sabía que su tía era el único remordimiento de su abuelo, y había visto con sus propios ojos el sentimiento de culpa que don Raúl llevaba durante tantos años. Más que nadie, deseaba que su abuelo pudier