—Gracias, Señor Valenzuela... —Valentina, todavía recuperándose del susto, se apresuró a agradecer.
Alonso, con una sonrisa tierna, dijo:
—Ya te llamo Valentina, ¿no será muy distante si tú me sigues llamando Señor Valenzuela?
Valentina se quedó callada. ¿No llamarlo Señor Valenzuela? ¿Decirle Alonso? Eso... ¿no sería descortés?
—¡Llámame hermano Alonso! ¡Así estaría bien! —Alonso, con un destello de ternura en sus ojos, lo sugirió.
—Está bien, hermano Alonso.
Este apodo no era ni demasiado info