Alonso se sentía extrañado, no entendía por qué Santiago se mantenía al margen, observando con una mezcla de desconfianza y cautela, sin atreverse a acercarse.
Sin embargo, esta actitud solo aumentaba su interés en la situación.
Guiando a Valentina, Alonso entró al museo. Santiago, que había seguido sus pasos, apresuró su marcha pero, al intentar entrar, fue detenido por el personal de control de entradas.
—Lo siento, señor, sin boleto no se puede ingresar. Por favor, dé paso a las damas y cabal