Silvia se sobresaltó, perdiendo su habitual compostura, y no pudo evitar gritar.
—¡Ah!
El inesperado accidente también tomó por sorpresa a Ana. Justo cuando estaba a punto de retroceder un paso y pegarse al borde del ascensor, la mano de Lucas se extendió de repente para tomar la suya.
—Ana, ¿estás bien? No temas.
Lucas, acostumbrado a situaciones complicadas, se mantuvo tranquilo. Después de un breve período de ajuste a la repentina oscuridad, inmediatamente preguntó por la condición de Ana.
—E