Recién había bajado del auto, Ana de repente recordó que necesitaba comprar algunas cosas en la tienda de conveniencia, por lo que le pidió a Lucas que siguiera adelante. Para su sorpresa, él había estado esperándola todo el tiempo.
—No tengo prisa —dijo Lucas con tono apático. No fue hasta que Ana subió al ascensor que dirigió su mirada hacia Silvia—. Está bien, podemos irnos ahora.
Silvia se sintió repentinamente incómoda, como si sus pensamientos anteriores hubiesen sido un mero devaneo senti