—¡Ah!
Silvia soltó un grito agudo. Justo cuando pensaba que Lucas la iba a atrapar, el hombre, por instinto, retrocedió un paso. Al darse cuenta, extendió la mano para intentar ayudarla.
Sin embargo, claramente era demasiado tarde. Silvia cayó bruscamente al suelo, torciéndose el tobillo. Un dolor agudo la invadió y su rostro se tornó pálido en un instante.
Ana, que estaba afuera y no podía ver bien lo que sucedía dentro, preguntó preocupada:
—¿Qué pasó? ¿Estás herida?
El tobillo de Silvia le do