El tono de voz que usó Josefa para llamar a Andrés, lo alertó sobre un reclamo; así que, él prefirió seguir caminando como si no la hubiese escuchado, pero esto no le sirvió de nada, porque ella corrió y gritó aún más fuerte.
— ¡Hey, Andrés! ¿No piensas detenerte?— Sin ganas de disimular su enfado, Josefa se agachó y recogió unas conchas de mango podridas, que estaban tiradas en el piso y se las pegó por la espalda, manchando su camisa.
Andrés, se detuvo en el acto y volteó a ver a Josefa, en t