El albergue.
De camino al albergue, Josefa veía hacia todos lados impresionada con la belleza y pulcritud de la ciudad. Una de las cosas que más llamaba su atención, eran los grandes edificios y también la forma de vestir de sus citadinos, porque ninguno llevaba puesto un vestido y ni tampoco un overol como en su pueblo, sino que sus ropas tendian a ser más apretadas y agujereadas.
—¿A dónde iremos a hacer las compras Andrés? Seguro a un supermercado muy grande ¿Verdad?— Preguntó Josefa, sin imaginar la rea