40. Revelaciones
Stefanos
El pasillo del ala principal estaba demasiado silencioso. Cada paso mío reverberaba entre los vitrales y las columnas como una acusación susurrada. Las paredes parecían más estrechas, más opresoras, como si escucharan todo lo que yo no decía.
Pero lo que realmente pesaba sobre mí…
Eran los gritos.
El sonido de la voz de Nuria todavía resonaba en mis oídos como una cuchilla oxidada. La desesperación cruda. El miedo desgarrado en la garganta. La forma en que se encogió en el rincón de la