370. Todavía estamos aquí
Jason
Desperté lentamente, como quien emerge de una pesadilla demasiado larga.
Lo primero que sentí fue su olor.
Llenaba toda la habitación. Olor a tierra mojada, a monte, a loba. Mía.
Mis párpados pesaban, pero me obligué a abrirlos. La claridad blanca del hospital casi me cegó.
Una habitación clínica. Techo pálido. El pitido de un monitor marcando mis latidos.
Pero nada de eso importaba.
Porque ella estaba allí.
Kiara.
Dormía en el borde del colchón, la cabeza apoyada en sus brazos cruzados.