369. Esperanza

Kiara

Cuando llegamos a la habitación, el olor a antiséptico me dio náuseas.

El ambiente estaba limpio. Demasiado blanco. Demasiado frío.

Pero Jason estaba allí.

Acostado en la camilla, el cuerpo desnudo cubierto solo por una sábana fina hasta la cintura. Las heridas abiertas. Algunas cosidas a toda prisa. Otras aún goteando sangre lentamente. Moratones amoratados adornaban su pecho y costillas.

Cada rasguño parecía gritarme.

El médico estaba a su lado, monitoreando sus latidos.

Cuando me vio, respiró hondo.

"Las enfermeras me avisaron que querías usar... la pomada Milenaria".

Asentí, con la voz atrapada en la garganta.

"Sí".

Mis ojos no podían separarse de él.

Jason estaba tan herido.

Mi loba se retorcía dentro de mí, invadida por una angustia salvaje y desesperada.

Los lobos del Eclipse habían sido cobardes. Más de veinte contra uno. Pero él no retrocedió. No huyó.

Él se quedó.

Porque quería protegerme.

El médico se aclaró la garganta.

"Las dejaré a solas. Hagan lo que necesiten y s
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