308. Ella es mía
Pierre
El silencio de la sala era ensordecedor.
Yo permanecía parado en el mismo lugar, los puños aún apoyados contra la pared donde, minutos atrás, había acorralado a Juliana.
Mi pecho subía y bajaba con violencia, como si el propio aire se hubiera convertido en una maldita prisión.
"Mierda..." murmuré entre dientes, cerrando los ojos por un segundo.
El olor de ella todavía flotaba en el aire. Su piel, su mirada, la forma en que sus labios casi se tocaron a los míos...
Un gruñido bajo escapó de mi garganta.
Mi lobo se agitaba inquieto dentro de mí, furioso, enloquecido.
"Ve por ella. Márcala. No la dejes escapar. Ella es nuestra."
Luché contra el impulso, clavando las uñas en las palmas de mis manos hasta sentir el ardor de la piel.
"No. Ella necesita espacio. Me odia ahora. No puedo perder el control."
Era una batalla constante. Un esfuerzo sobrehumano para no salir corriendo detrás de ella en ese mismo instante.
Tan concentrado estaba, que apenas noté la presencia que se acercaba.