Diana
El agua caliente envolvía mi cuerpo como seda líquida, perfumada con aceites raros y espuma brillante. Las altas ventanas del baño dejaban que la luz de la mañana entrara en suaves haces, dorando mi piel. Mis manos se deslizaban sobre mi vientre, ahora evidente, y una sonrisa se dibujó en mis labios.
El heredero crecía fuerte.
Y con él... mi imperio.
Era esto lo que siempre había deseado.
Una sangre pura. Un trono a mi espera. Y ahora, cargando el fruto de la unión entre el linaje Eclipse