207. Regalo de la Diosa
Solon
El árbol se partió por la mitad cuando mi garra atravesó el tronco.
El chasquido de la madera resonó por el bosque, asustando incluso a los cuervos que nos seguían en silencio desde la fuga. Los malditos ni siquiera sabían adónde correr.
"¡INÚTILES!" Mi voz explotó, reverberando en las ramas como un trueno.
"¡Un ejército de ratas! ¡Eso es lo que tuve! ¡Traidores, débiles e incompetentes!"
Los tres lobos frente a mí mantenían los ojos bajos. Uno de ellos temblaba. El otro sangraba por la ú