174. Elegir quedarse
Nuria
Me detuve a pocos pasos de él, sintiendo la tensión vibrar en el aire.
"No", respondí, firme, aunque mi corazón doliera. "No vine a impedírtelo".
Él se giró entonces, despacio, como una fiera acorralada.
Los ojos plateados me atravesaron como puñales.
"¿Entonces a qué viniste? ¿A consolarme? ¿A decirme que todo va a estar bien?". Su risa fue seca, sin humor. "Ahorra tu tiempo, Nuria. No necesito tu lástima".
Esas palabras me cortaron.
Hondo.
Pero no me moví.
"¿Lástima? Yo no te tengo lást