151. Sangre en la Casa del Alfa
Nuria
El sonido de la sirena cortaba el aire como una sentencia.
Agudo. Apresurado. Despiadado.
La ambulancia frenó frente a la mansión como si el propio tiempo estuviera intentando impedir lo peor. Pero, incluso con todo aquel ruido... Jenna no se movió.
Permaneció acurrucada contra mí.
Los ojos llorosos.
El cuerpo temblando.
El rostro escondido en mi hombro como si quisiera desaparecer dentro de mí.
"Debí haberme quedado...", su voz salió débil, casi un soplo desgarrado. "Debí haberme quedado