148. Después del café
Nuria
El sol apenas empezaba a filtrarse por las cortinas, tiñendo la habitación con un tono dorado suave, y mi cuerpo... todavía me dolía.
Pero era un dolor bueno.
Un dolor lleno de recuerdos.
Cada músculo parecía recordarme la noche anterior. Sus manos, su boca, el peso de su cuerpo sobre el mío como una promesa antigua cumpliéndose con cada toque.
Nunca pensé que sería así. Nunca creí que un lobo como él se entregaría tanto. Por mucho que viera el amor de mis padres, él renunció a todo por n