133. Sabor a sangre
Stefanos
El silencio que cayó sobre el salón era denso, como la calma antes de la matanza.
Solon me encaraba.
La mirada era la misma: arrogante, traicionera. Pero algo en su postura… dudó. No dio un paso al frente. No gruñó. No sonrió como la última vez.
Al final, retrocedió. Un único paso. Casi imperceptible, pero para mí… fue suficiente.
"No era mi intención faltar al respeto", dijo, con esa voz arrastrada de quien ha ensayado cada palabra frente al espejo. "Solo quería saludarla. Decirle un