101. Manipulación
Solon
La sala del Supremo era un santuario de silencio. Lujosa, fría e intimidante, como su propio dueño. Las ventanas iban del suelo al techo, enmarcando un cielo nublado que parecía prever lo que estaba por venir.
Él estaba de pie frente al cristal, las manos cruzadas a la espalda, observando el horizonte como si el mundo fuera su juego… y cada lobo, solo una pieza a sacrificar cuando fuera necesario.
Y quizás lo era.
"¿Me llamó, mi señor?", pregunté, controlando el tono, buscando sonar rever