07. Mi alfa
Nuria
El olor metálico de la sangre aún flotaba en el aire. Mi sangre.
Mantuve el dedo presionado entre los labios, el gusto ferroso de la sangre mezclándose con la desesperación que se extendía por mi pecho. Mi corazón martilleaba contra las costillas, cada latido un recordatorio de que no podía dejar que él viera.
Entonces, la puerta se abrió.
Mi respiración se contuvo. Él estaba cerca. Demasiado cerca.
Quité el dedo de la boca rápidamente, apretándolo contra la palma de la mano, rezando para