Tengo a mi mujer desnuda y su piel sudada, desde que llegamos de dejar a los niños nos encerramos y he pasado cobrando mi apuesta, era sábado. Hasta le dimos permiso a Mechas para que saliera, ella ingresaba mañana, las otras chicas solo trabajan de día y volverán el lunes.
—Debo ingerir comida, —dije.
—Yo también tengo hambre.
—¿Te preparo o pedimos algo?
—Pidamos, a ti todo se te quema, quiero lo de la otra vez.
Por un momento me quedé mirándola, estos trees meses ya de matrimonio habían sido