—Los médicos lo saben.
No dije nada más. Me senté en una de esas sillas aun con mis oídos tapados, tan solo anoche hacíamos el amor, estábamos felices por vivir en la casa que por años ha esperado por nosotros. No sé si el tiempo pasaba, Carlos regresó, mi celular timbraba y no contestaba, luego escuchaba a Fernanda o a Carlos decir que me veían calmado, qué este estado no les gustaba, porque no he explotado.
José Eduardo se sentó a mi lado. Todos los adultos habían llegado, David, Blanca, los