Después de desayunar con el padre, llegué a la oficina, mi madre llegó a la hora acordada, firmamos los papeles y ya tenía bajo mi poder toda la herencia del señor Ramiro Orjuela. En la tarde pasé por la pequeña maleta, me despedí del niño, madre y pedí un taxi para llegar al aeropuerto, apenas ingresé César ya esperaba.
—Hola, ¿nervioso? —afirmé.
—No voy a negártelo, aparte me siento bastante ansioso.
—Ese proyecto te quedó increíble Alejo, les darás sopa y seco a esos inversionistas.
—Eso es