Regresando un poco el tiempo, encontramos a Darío en el jardín disfrutando de la suave brisa mientras tejía un poco a la vez que en su mente repetía las lecciones del abecedario que le habia enseñado su hermana.
Estaba disfrutando del momento cuando sintió una presencia cerca de su posición, donde al girarse se encontró con ese guardián de su hermano, quien con su sola presencia hacía que las mejillas del menor se sonrojaran.
- Buenos días – le saludo – majestad, puede contarme ¿porque se sonro