La boutique estaba en silencio, iluminada por una cálida luz dorada y flanqueada por maniquíes envueltos en seda marfil y encaje bordado con perlas. El sigilo hacía que todo se sintiera reverente, sagrado.
Y un poco peligroso.
Callie estaba descalza con una bata de satén crema, su anillo de compromiso brillando en su dedo y el corazón latiéndole con fuerza mientras se contemplaba en el espejo del probador. Hoy era su última prueba del vestido. No estaba segura de qué esperar cuando le dijeron q