El vapor era espeso, casi demasiado espeso para ver a través de él. Jace se recostó contra el banco de azulejos, con las piernas estiradas y la toalla colgando a la altura de sus caderas. El calor arrancaba sudor de cada centímetro de su cuerpo, y su pecho subía de forma lenta y pesada con cada respiración.Frente a él, Malik permanecía inmóvil.Inmóvil como el demonio.Sus hombros anchos brillaban bajo la tenue niebla, los músculos perlados de sudor, la toalla anudada a la cintura y una rodilla flexionada hacia arriba. La sala estaba en silencio, a excepción del suave siseo de la rejilla de vapor y el goteo ocasional de la condensación golpeando el azulejo.No habían dicho una palabra en casi cinco minutos.Jace se movió, fingiendo ajustar su toalla. En realidad, solo intentaba cubrir la media erección que había ido creciendo lentamente desde que Malik se sentó frente a él: silencioso, sin camiseta, reluciente.—¿Siempre eres así de callado después de entrenar? —preguntó Jace con voz
Leer más