La lluvia caía en espesas láminas, tamborileando suavemente sobre el cristal blindado de la limusina como si miles de puntas de dedos golpearan para que las dejaran entrar.
La ciudad pasaba en rayas plateadas más allá de las ventanas tintadas: luces borrosas, pavimento mojado, sombras deslizándose como fantasmas. En el interior, el coche era un capullo de silencio cálido y bajo. El olor a cuero y lujo impregnaba el aire.
Clarissa Vale, heredera de un imperio multimillonario, cruzó las piernas l