Sanctum de la Carne, Ciudadela de Eldros
Las puertas se sellaron detrás de Lira con un pesado y lastimero gemido de piedra antigua que la hizo estremecerse. El sanctum palpitaba con calor y silencio—un silencio lo suficientemente espeso como para envolverse en sus muslos y trepar entre ellos. No era solo calidez. El aire era húmedo, saturado de algo más antiguo que el aroma: magia empapada en lujuria, presión, hambre. Las paredes mismas goteaban levemente por la condensación, como si la piedra