Las rodillas de Emily se clavaban en la fría alfombra de la oficina, bajo el enorme escritorio de roble del Sr. Harlan; sus muñecas estaban fuertemente atadas a la espalda con una corbata de seda que mordía su piel lo justo para recordarle su lugar.
La reunión de la junta directiva continuaba afuera, con las voces amortiguadas a través de la puerta, pero dentro de este espacio oculto, el aire estaba cargado de tensión y del aroma de su propia excitación.
Ella era su puta secreta, la pequeña sum