Observa cómo rebotan mis tetas mientras embiste con fuerza su pene contra mí. Respira con dificultad y gruñe con cada embestida de su pene en mi coño.
—Oh, Dios, Nina…—, dice. —Oh, Dios…—
Gimo mientras lo miro. A veces, él me mira a la cara. La mayor parte del tiempo, me sigue cogiendo y mirando mis pechos.
—Oh, quiero hacerte correrte —dice sin aliento y parece mareado—. Apuesto a que puedo cogerte hasta que te corras, Nina.
Gimo cuando una ola de placer me recorre el cuerpo. Levanto una mano