Temblé, mi centro hirvió, me despeiné con una mano y con la otra apreté su cabeza, podía sentirlo, podía sentir las burbujas de lava ardiente arremolinándose en mi vientre bajo, construyendo un mortal orgasmo, maniatándome al antojo del magma que iba subiendo y subiendo, a punto de hacer erupción, y entonces, se alejó, lamiendo el pezón, torturándome con su boca que me dejó pendiendo de un hilo, solo para bajar mi pantaloncito con fuerza, arrancándome la prenda por una pierna, y luego… estallé