Tirité de excitación, con las piernas abiertas para darle espacio a su cuerpo grande.
―N-no tiene-tienes que… ―traté de decir al ver que se quedó fijo en mis pechos inflamados, sin hacer un solo movimiento más allá de alzármelos hasta casi dejarlos en mi cuello, haciéndolos ver más hinchados y redondos, con mis clavículas enmarcando más las masas de carne grandes.
Sollocé cuando pasó el pulgar por el pezón derecho y un pequeño riachuelo me mojó la piel.
Inhaló hondo, su cuello se tensó, las ven