—Siempre supe que eras una puta—, dice. —Necesitas mi pene, mira cómo eres esclava de él—.
Empuja su pene con fuerza dentro de mí y vuelvo a tener un orgasmo.
—¡Callie! —grita mientras me agarra los brazos. Me tenso y entonces se corre, gruñendo en voz alta, y un largo chorro de semen se libera dentro de mí. Gimo. Luego relajo mis músculos y me desmayo, exhausta.
Me despierto horas después. Está oscuro, estoy en mi habitación del piso de arriba. Llevo un camisón corto. La luz de la luna brilla