Capítulo 76

​La habitación de la unidad médica, que por meses había sido un santuario de silencio y máquinas, se llenó de repente con la vibración de una sola palabra. El nombre de Elara seguía flotando en el aire, pesado y milagroso. Ella no soltaba la mano de su padre, sintiendo cómo el calor regresaba a esa piel que tanto tiempo había estado fría.

​Alfonso parpadeó varias veces, intentando enfocar la vista. Sus ojos, nublados por el largo letargo, recorrieron las paredes blancas, el equipo de última g
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