El día avanzó con una normalidad engañosa. Aurora pasó la mañana organizando algunos documentos de Alexander en su despacho, disfrutando de la tranquilidad que por momentos parecía real. Pero la sensación de calma nunca duraba demasiado. Siempre había una sombra acechando, el recordatorio de que el peligro aún estaba cerca.
Alexander llegó al comando, donde su equipo ya estaba trabajando en descifrar los nuevos movimientos de Ricardo. Natalia y Mateo se encontraban frente a una pizarra llena de