La habitación del hospital se llenó de una atmósfera pesada, cargada de incertidumbre y emociones no expresadas.
Aurora seguía sentada en la cama, su cuerpo aún temblando por lo que acababa de suceder. Ricardo había sido capturado, pero el eco de sus palabras seguía resonando en su mente como un veneno que no podía eliminar.
El silencio era interrumpido solo por las voces distantes de los agentes que se movían por el pasillo y el pitido regular de las máquinas que monitoreaban sus signos vita