Dos semanas más tarde…
El sonido del tráfico en Londres era ahogado por la estruendosa lluvia. Se trataba de una tormenta que había comenzado hacía tres días y que, al parecer, todavía no tenía intención de terminar. No era como si eso le molestara a Maverick en lo más mínimo, mucho menos cuando no había salido de su penthouse en dos semanas. Había postergado en su agenda todas y cada una de sus reuniones, y su llegada al país todavía seguía siendo un secreto para su familia.
Dios sabía que lo