«¿Dios, en que me metí?» Leyla gimió de frustración mientras apretada sus manos en puños.
Aun así, muyen el fondo de su mente ella quería confiar en sus palabras, asique apoyó la mano en la puerta… y no la abrió.
Pero no se trataba de alguna duda… Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, nadie la estaba obligando.
—¿Quién más sabe de mí? —Pregunto ella, tensa y alejando su mano de la puerta.
—No sabría decirlo —Aron se encogió de hombros, aun pensativo — Me gustaría decirte que aun nadie, p