Margaret se encontraba frente al espejo de su habitación, cambiándose de ropa con gestos mecánicos. Cada prenda que elegía parecía no encajar con su estado de ánimo. Se pasó la mano por el cabello, intentando calmar los nervios que la invadían desde que Emiliano llegó a la casa. Había tomado libre para pasar tiempo con su hijo y su nueva y patética novia. Un nudo se formó en su garganta, una mezcla de frustración y dolor que amenazaba con hacerla estallar.
Ya había ahogado varios gritos, por es