Capítulo 34
Conduzco sin rumbo fijo, solamente quiero dejar atrás el pueblo, las montañas, la nieve, alejarme de los recuerdos lo más que pueda. Voy directo a la ciudad de Anchorage, la cual me recibe con un frío hostil. Este es un frío totalmente diferente: es uno de acero, con luces de neón parpadeantes y de una indiferencia aplastante. Mis últimos ahorros se están drenando velozmente en moteles de mala muerte, comida, gasolina y algo de dinero aparte para poder alquilar algo en el lugar don