La primavera llegó con una violencia que no recordaba.
El hielo del fiordo se quebró en una sola noche, pero esta vez el rugido fue diferente. Más profundo. Más largo. Como si algo, en las profundidades, también se estuviera rompiendo.
Lena lo sintió antes que yo. Se levantó de la cama en la oscuridad, fue a la ventana y se quedó mirando el agua negra que brillaba bajo la luna.
—Algo ha cambiado —dijo.
No pregunté qué. Me levanté, me puse la chaqueta y salí con ella al porche. El aire olía a ma